Historia de la informática, Declaración de independencia del ciberespacio

Declaración de independencia del ciberespacio

La Declaración de independencia del ciberespacio es
un texto que fue presentado en Davos, Suiza el 8 de febrero de 1996 por John
Perry Barlow, fundador de la Electronic Frontier Foundation (EFF).
Este Texto/ declaración Fue
escrita como respuesta a la aprobación en 1996 de la Telecommunications Act en los Estados Unidos.
El
texto es una reivindicación que critica las interferencias de los
poderes políticos que afectan al mundo de Internet y defiende la idea de
un ciberespacio soberano.

Y este 1º borrador es el fundamento del que salio  el que se
firmó la declaración del 2008

Gobiernos
del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero,
vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del
futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos
entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos
reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así
que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquella con la que la
libertad siempre habla.

Declaro el espacio social
global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las
tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a
gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que
debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos
derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados.
No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado.

No
nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla
dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si
fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto
natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No
os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la
riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra
ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad
más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras
imposiciones.

Proclamáis que hay problemas entre
nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para
invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde
haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y
resolveremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio
Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de
nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente. El
Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento
en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de
nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y
en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.

Estamos
creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o
prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o
el lugar de nacimiento. Estamos creando un mundo donde cualquiera, en
cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo
singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o al
conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre
propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a
nosotros. Se basan en la materia.

Aquí no hay
materia. Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de
vosotros, no podemos obtener orden por coacción física.
Creemos
que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés
propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a
través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras
culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir
nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar
las soluciones que estáis tratando de imponer. En Estados Unidos hoy
habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que
repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson,
Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben
renacer ahora en nosotros.

Os atemorizan vuestros
propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros
siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra
burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no
podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y
expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son
parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos
separar el aire que asfixia de aquel sobre el que las alas baten.

En
China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos
estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de
guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio
durante un pequeño tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto
será cubierto por los medios que transmiten bits.

Vuestras
cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a
sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que
reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes
declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que
el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente
humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin
ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser
realizado por vuestras fábricas. Estas medidas cada vez más hostiles y
colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron
aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que
luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos
declarar nuestros “yo” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque
continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos
extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar
nuestros pensamientos.

Crearemos una civilización
de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el
mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Davos, Suiza a 8 de febrero de 1996

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